25 febrero 2010

ESTA FRUTA, ESTÁ YA MADURA.

El reciente debate esgrimido el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados para exponer y tratar de aplicar directrices en esta crisis que nos azota, dejo claros atisbos que evidencian la anarquía y la falta de ideario de nuestros dirigentes.
Es evidente que en nuestro país, el Partido Socialista “Obrero y Español” no tiene proyecto de gobierno para sacarnos de este agujero económico y coyuntural. Ello, es algo palpable y evidente en nuestro devenir diario. Nadie puede ya desmentirlo, ni tampoco ser, por afirmarlo, tachado de antipatriota pues es un hecho que la crisis ha entrado en todos nuestros hogares. Las estériles medidas, que este gobierno ha aplicado en el último año y medio de legislatura, son el mayor de los suspensos que un estado desarrollado y capaz se merece.
Es relevante, pero dañino sobre todo, observar que en nuestro país el gobierno anda a la deriva, sin ningún rumbo, ni en materia económica, ni social. Es esto palpable viendo los bandazos que da en cada intento de iniciar una iniciativa fiable, si cabe, en materia social y mucho menos económica. Un ejemplo reciente lo tenemos en el famoso “jubilazo”. Intento este, de sondear a la sociedad y a los agentes responsables, lejos de un foro adecuado como es la Mesa del Pacto de Toledo. Un intento de dar en la diana de las soluciones o de distraer la perdiz (otros dirían Faisán), ante una durmiente sociedad con cegador turbante, ante la alocada idea de alargar nuestra edad de jubilación hasta los 67 años.
Es una vergüenza palpable cada día, ver que nuestro país es cuestionado en todos los foros europeos, tanto políticos como económicos. La falta de seriedad en las iniciativas de nuestro presidente, el doble lenguaje utilizado aquí y allá, y el descalabro que se observa desde Bruselas, hacen que España sea el referente no deseado por nadie y que las medidas pregonadas por José Luís Rodríguez Zapatero, sean el preludio de un desastre anunciado. Es una hecatombe que clama solución inmediata al cielo. No disponemos de credibilidad en los mercados inversores y no será porque les falten razones a los empresarios e inversores extranjeros, viendo el galimatías que cada día monta este gobierno, en plena borrachera de ideas desbaratadas.
En el ámbito financiero está constatado, que la moneda que cotiza en los mercados es la confianza y la credibilidad. Nuestro país, está en el epicentro de un terremoto de despropósitos, mentiras y tachones decididos. Los cuatro millones y medio de desempleados son ejemplo de la herida sangrante, que no hace más que evidenciar la paliza sufrida y soportada por momentos, por la débil y empalidecida sociedad española. Expectante y ansiosa está la ciudadanía, esperando alguna medida azarosa y sorpresiva, que evite continuar descendiendo en esta caída sin fin.
Son necesarias herramientas contundentes, severas y muchas de ellas impopulares para salir de este desmán. Tal como cantaba la canción, el show debe terminar. Para ello, solo una alternativa, a nivel nacional, presenta un proyecto íntegro y contrastado por hechos ya consumados. El talante y las elocuencias deben apartarse de la escena y dejar paso a la seriedad, al fundamento y la austeridad. Seriedad más que nada, en las cuentas. Recortando el innecesario gasto público, que nuestra Administración se ha empeñado en acelerar, en un intento de huída hacia adelante. Recortando el techo del despilfarro autonómico que actúa ajeno de manera pasmosa. Recortando el número de funcionarios (los de nivel superior) y sobre todo los designados a dedo en la Administración. Recortando proyectos e infraestructuras que no revertirán en la generación de riqueza en este momento. Recortando ante todo Ministerios y Ministerias tan inservibles como son Igualdad, Vivienda, Ciencia, Innovación y Desarrollo y Cultura que podrían adjuntarse a otras carteras ministeriales, por el poco peso específico que soportan. Congelar salarios como se hizo en la etapa Aznar, tiempos aquellos en los que el ciudadano entendió claramente en fin, a pesar de ser impopular y cobrarse una huelga general de los sindicatos, esos que hoy se alinean junto al gobierno en una cómplice tarea de mirar para otro lado. Es necesario que el pueblo diga vasta a los desmanes de esta panda de incompetentes de una vez. Debe brotar de cada ciudadano la iniciativa de destronar a este Régimen de desdichados, pues los mal llamados agentes sociales (llámese UGT y CCOO), no están por la labor de jugarse sus jugosas subvenciones.
Como colofón a mi testimonio, expondré mi veredicto al respecto, diciendo que de las tres opciones que Mariano Rajoy le expuso en el debate a Zapatero para salir de esta crisis, yo elijo rotundamente que el Presidente del Gobierno, convoque elecciones anticipadas para que los españoles expresen su sentir en las urnas sin sufrir las dudas de si hubiera o hubiese sido acertado hacerlo hace dos años. Es ahora, el momento de que el pueblo hable con su voto, pues sé que a Zapatero no le será difícil soportar dos años más, pero también sé que España no resiste ya un golpe más.